Ir al contenido principal

Entradas

Las historias que no se cuentan

Hay un montón de historias que ya no cuento, a pesar de que creo que puedo ser una buena narradora. Supongo que ha de ser la edad, entre más crezco, más observo, pero menos lo cuento. He formulado teorías increíbles, pero que terminan sustentando mi unilateral manera de ver el mundo. ¿A qué le tememos tanto de la soledad?  ¿Por qué nos cuesta tanto soltar?  ¿Por qué preferimos ser infelices con alguien qué no nos llena, al encuentro con la propia compañía? ¿Tan terrible es la idea de quedarnos con quien somos?  ¿En realidad no sabemos qué decisión tomar o es quizá que nos cuesta afrontar lo que ello significa? Creo que uno siempre sabe, pero a veces nos gusta engañarnos con esas pequeñas mentiras que no son piadosas y que terminan siendo gigantes. 24/02/20 No quiero cambiarte No quiero exigirte un cariño o siquiera pedírtelo no quiero pretender que seas quien no eres pero tampoco, tampoco quiero vivir sin la convicción de que me eliges cada ...

Las dudas infinitas.

Hay tantas cosas que desconozco y sin embargo no hay ninguna que me taladre tanto como la duda infinita de saber si eres lo que quiero. Te quiero y sin embargo eso no basta. No es suficiente para alimentar la convicción de mi decisión diaria de estar contigo. Y no es precisamente tan terrible y mediocre como suena lo que estoy contando, sino que a veces, nuestra manera tan desfasada de coincidir me orilla inevitablemente a una marea tibia, donde la duda se convierte en el timón más débil. Seguido nos visualizo y me doy cuenta qué somos tan diferentes, que indudablemente nuestras culturas nos separan en abismos y que individualmente nos diferenciamos en contrastes evidentes. Y aunque la distancia es ahora obligación para todos en el mundo, para nosotros ha sido la prueba diaria del lazo que hemos tejido; y aun así, pese a lo acostumbrada que ya debería de estar a ello, hay días en que me da miedo estarme equivocando por el miedo a no decirnos la verdad. Me da miedo que la distancia...

Espero que sepas que te quiero.

-Hoy me encontré con un pedazo de papel entre el desmadre que archivo.  Ojalá tuviera fecha, pero por el papel, debe de haber sido hace poco más de un año. Muchas veces pensé que nunca iba a querer a otra persona después de la primera gran ruptura de mi corazón, pero, afortunadamente me equivoqué en la predicción. Qué excepcional es la capacidad de sanar, de aprender de la manera en que quisimos, y de querer de nuevo. Siempre a diferentes personas, en diferentes momentos de nuestras vidas. Yo he vuelto a querer y sé, que lo volveré a hacer. G. Espero que sepas que te quiero. Que te quiero aquí, conmigo; Pero que también te quiero allá donde eres feliz, incluso sin mí. Me gusta saberte libre,  quizá eso sea lo que más me gusta de ti. Me gusta que eres diferente.  Y me refiero a mí y a todos los que estuvieron antes que ti.  Quizá no muchos, pero los suficientes para saber que la forma en que me gustas, es especial.  Quizá lo realmente es...

La certidumbre también destruye

Quiero decirte que te extraño los domingos. O que quizá, no sean los domingos el único día que te extraño, que a veces me calan los martes después del vacío del laburo, o los viernes cuando se acabaron los días hábiles, en plena tarde con el atardecer de ahora –verano, casi nueve de la noche, cuando no llega nadie, y termino buscándome acostada en la cama.   Quiero decirte que me haces falta. Que se siente que nada llena, porque no hay una medida suficiente para colmar el vacío de la ausencia.   Quiero decirte que no me encuentro. Que ya no hay camino conocido, y que es difícil caminar uniendo pedazos rotos del mapa que traza el posible regreso.   Quiero decirte que es difícil, que es duro, que a veces sin necesidad de detenerme (en mi s constantes pensamientos que a veces me hacen sentir abrumada) puedo advertir cada pequeña cosa, soy consciente de lo que se siente no tener cerca a quien se ama, l a emoción de conocer nuevas personas especiales –y...

Se acabó el invierno.

Soltarte ha tenido que ser un año estacional. Lo primero que aprendí contigo fue que era especial. Lo último que aprendí fue, que el mundo no giraba alrededor de mí,  a pesar de que contigo, a veces pensaba que si. Tenía miedo de escribir y reflejar que a veces te recuerdo mucho  y que otras veces te odiaba un poquito (demasiado). Primero vino la transición entre el otoño y el invierno. Aún era un clima cálido, pero en la obscuridad comenzaba a ventear y progresivamente, comenzaba a hacer más frío. En esta estación, me negué a aclimatarme. No quería dejar el clima tan acogedor, para soportar la inclemencia de la helada. Pero como todas esas cosas de la vida que uno no puede controlar, así tuve que soportar y atravesar el invierno. Y nevó, consecuencia de los días más fríos, en qué además llovía. No quería salir de mi cuarto y evitaba al máximo experimentar el frío que calaba hasta el corazón. Cuando salía, me abrigaba con todos los recuerdos más bonitos y me ...

Hasta luego Sol

Me gustan las palabras porque pueden describir excepcionalmente lo que sentimos. Pero en algunas otras, se quedan cortas aunque yo encontrara los adjetivos precisos. Pero hoy, abuela querida, Sol adorada, quisiera decirte cuánto es que ya te extrañamos, cuán grande parece la habitación y la casa sin ti. Sin saber con precisión si eran noventa y tres años los que habías vivido, cada año que nos compartiste de ti, nos reunía la mayor alegría. Me duele mucho, saber que ya no habrá más abue Sol. Hoy el dolor de no tenerte nos inunda los ojos, pero nos reboza el corazón de una mezcla de melancolía y alegria al recordar todo lo que fuiste, cada singular momento compartido, escuchar las historias más inverosímiles que narrabas, escucharte declamar los versos de poesía que de memoria aprendiste cuando eras a penas una niña, reírnos de alguna cosa que pareciera graciosa y en otras ocasiones angustiarnos porque te dabas cuenta que el tiempo pasaba y que desgraciadamente nosotros no podíamos det...